Recuerdo un amigo que a finales de los noventa, cuando empezaron a irrumpir los teléfonos móviles en nuestras vidas me decía “¡Yo no pienso tener nunca un móvil!” Obviamente hace lustros que se olvidó de su declaración y se metió como todos a disfrutar de las ventajas que nos aportan.

Y eso era cuando ni siquiera hablábamos de ‘Smartphones’… Actualmente el móvil es ya nuestra extensión digital, nuestro asistente personal para mil temas (y alguna vez también para llamar a alguien😉). Un superordenador de bolsillo, con acceso a todo un mundo de información y conocimiento -gracias a la revolución subyacente de Internet-, con millones de aplicaciones que nos ayudan cada minuto en todo tipo de situaciones, tanto si necesitamos operar con nuestro banco, como si queremos sorprender con una nueva receta culinaria, aprender una nueva habilidad o relajarnos viendo cine, documentales o escuchando nuestra música preferida.

En esa pantallita aparecen cada día nuevas ideas y aplicaciones, muchas muy tontas y efímeras, y otras que dan en el clavo y nos vuelven a sorprender con servicios que adoptamos rápidamente y que al poco tiempo no entendemos cómo habíamos podido vivir sin ello antes (Google Maps, Whatsapp, Spotify,…), y aunque luchamos por no quedarnos atrás, se nos hace francamente difícil seguir ese ritmo frenético, incesante y cada vez más acelerado de innovación que nos imponen.

Ciertamente no es fácil asumir el ritmo de novedades tecnológicas que nos llegan sin parar, pero si hacemos el esfuerzo y las vamos adoptando, obtenemos múltiples premios…

Por lo pronto ganamos directamente esas nuevas herramientas que nos ayudan en nuestro día a día (a nivel profesional, y personal), y que nos permiten mantenernos ‘competitivos’ en una sociedad que no perdona al que se queda rezagado.

Pero además, conseguimos indirectamente

  • mantenernos ‘en forma’ intelectualmente (gracias al esfuerzo requerido; practicamos gimnasia mental)
  • mantener nuestro espíritu joven cultivando el interés por nuevos aprendizajes (y ejercitando así la curiosidad rejuvenecedora)
  • actualizar la base de conocimiento que necesitaremos luego para la próxima innovación (si paramos, empezamos a perder eslabones que nos dificultarán los siguientes aprendizajes y finalmente nos dejarán desconectados y sin opciones de reengancharnos)

Y al contrario, si finalmente decidimos tirar la toalla y nos relajamos, empezamos a caer por la pendiente que lleva al ostracismo, al apartheid de la brecha digital!

Y ahí sí empezaremos a envejecer de verdad, a no entender el mundo a nuestro alrededor, a distanciarnos de las generaciones más jóvenes que siguen conectadas y luchando.

Encuentro gente de mi generación que cuando hablamos de temas de nuevas tecnologías (Bitcoin -o blockchain-, ChatGPT -IA-, …) me dicen “esto ya no es para mí” y de alguna manera tiran la toalla, DECIDEN ELLOS iniciar su brecha digital y bajarse del tren en que va el resto de la sociedad activa y productiva, y quedarse a un lado viendo cómo el tren se empieza a alejar.

Y es que en mi opinión la clave está en seguir creyendo en nuestras capacidades. Si mantenemos la convicción de que -con esfuerzo- podemos seguir conectados, entendiendo y aprendiendo las nuevas ideas que van a seguir siempre surgiendo, seguiremos conectados con el mundo, cabalgando la innovación e incluso disfrutando de ella.

Si por el contrario nos dejamos vencer por las dudas, por los MIEDOS a no entender, a no ser capaces de seguir como los demás, entonces ya estamos empezando a abrir esa brecha.

Y permitidme aquí ilustrar la idea con un símil: pensad en un estudiante de 14 años que por un mal profesor, o porqué tiene demasiada creatividad y prefiere estar en las nubes en clase, pierde el hilo de las lecciones de matemáticas que le están dando… Cada vez le cuesta más entender lo nuevo que le explican, empieza a sentirse perdido y poco a poco va desconectando, hasta que se convence (él solito o con la ayuda del profe y compañeros de clase) de que él no vale para eso, que las matemáticas son muy difíciles y que no es capaz de entenderlas. Y cuando finalmente le permiten escoger ‘letras’, respira por fin liberado y se promete que nunca más volverá a meterse en temas de números y fórmulas.

Con el tiempo descubrirá que las matemáticas tienen una importancia estratégica en la mayoría de caminos profesionales que contemple y se arrepentirá de haber cedido en su momento y haberse alejado de ellas.

Y ya véis que este ejemplo no tiene nada que ver con la edad. Las limitaciones vienen más de una mala entrada, un traspié inoportuno, unos miedos autoinfligidos… A la edad que sea!

Una toalla tirada por decisión propia que marcará nuestras vidas de cara a las próximas etapas.

En definitiva pues, seguir luchando (o no) por aprender y adoptar las innovaciones tecnológicas que van surgiendo a nuestro alrededor marcará nuestro lugar en la sociedad, que contará con nosotros o nos marginará según la opción que hayamos tomado… Y es nuestra decisión optar por un camino o el otro.

Para terminar, me acordaba ahora de un slogan publicitario de antaño que siempre encontré muy logrado: “No son los años, son los kilos” decía, para dejar claro que lo grave es descuidarse, más que los años que vamos cumpliendo… Pues bien, dejadme que me aproveche y jugando un poco con ella diría “No son los años, son los miedos” (o la pereza, la pérdida de fe en uno mismo, el cansancio…)

Así que, ¡a seguir luchando! Que vendrán muchas más novedades -revolucionarias, apasionantes- y no nos las podemos perder. 😊

One Comment

  1. Después de leer este artículo,creo que el siguiente paso es escribir un libro.
    Se hace muy ameno e interesante y te obliga a reflexionar sobre tus propias decisiones que has tomado en tu vida.
    Te felicito

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